septiembre 15, 2026

Joven fui y he envejecido



Joven fui, y he envejecido…Salmo 37:25

Estas palabras de David no son solamente una reflexión sobre el paso de los años. Son el testimonio de un hombre que, después de haber vivido muchas experiencias, podía mirar hacia atrás y reconocer la fidelidad de Dios.


David conoció victorias, pero también persecuciones, pérdidas, errores y momentos difíciles. Su vida no estuvo libre de problemas. Sin embargo, al llegar a la vejez pudo decir que, a pesar de todo lo vivido, Dios no lo había abandonado.



Tal vez ahí está la fuerza de sus palabras.


Cuando somos jóvenes miramos hacia adelante sin saber qué nos espera. Con los años, comenzamos a mirar hacia atrás y entendemos cosas que antes no comprendíamos.


Recordamos momentos en los que pensamos que no podríamos continuar, problemas que parecían no tener solución y situaciones que nos llenaron de preocupación. Pero el tiempo pasó y seguimos aquí.
Eso no significa que todo haya sucedido como queríamos. Tampoco significa que la vida haya sido fácil.


Significa que, aun en los días difíciles, Dios estuvo presente.


El Salmo 37 invita a confiar, hacer el bien y no desesperarnos cuando las circunstancias parecen injustas. David hablaba desde la experiencia. Había vivido suficiente para comprobar que nuestra confianza no debe depender únicamente de lo que vemos en un momento determinado.


Quizás nosotros también podamos mirar nuestra historia y recordar cuántas veces encontramos fuerzas cuando creíamos no tenerlas, cuántas puertas se abrieron inesperadamente y cuántas situaciones logramos superar.


Entonces las palabras de David cobran un significado especial:
Joven fui y he envejecido.


Los años pasan, las circunstancias cambian y nosotros también cambiamos.


Pero cuando miramos el camino recorrido, quizás podamos llegar a la misma conclusión:
Dios ha sido fiel a lo largo del camino.


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