Hay cansancios que no se sienten en el cuerpo.
Se sienten en el corazón.
Isaías 40:29
Hay días en los que uno se levanta, cumple con sus responsabilidades, habla con otras personas y hasta sonríe, pero por dentro siente que algo está cansado. No necesariamente el cuerpo. Es un cansancio diferente, uno que se lleva en el corazón.
A veces llegamos a ese punto después de mucho tiempo preocupándonos por los mismos problemas, esperando una respuesta que no llega, tratando de ayudar a otros o luchando por situaciones que parecen no cambiar. Seguimos adelante porque sabemos que tenemos que hacerlo, pero ya no tenemos el mismo entusiasmo del principio.
Y eso también forma parte de la vida.
Hay momentos en que hasta las personas más fuertes necesitan reconocer que están cansadas. No siempre tenemos que aparentar que todo está bien. Podemos acercarnos a Dios tal como estamos, sin discursos complicados y sin necesidad de encontrar las palabras perfectas.
A veces nuestra oración puede ser simplemente: “Señor, estoy cansado. Ayúdame”.
Dios conoce aquello que no contamos. Conoce las preocupaciones que aparecen cuando estamos solos, las preguntas que guardamos, las cosas que nos han decepcionado y también esos esfuerzos que muchas veces nadie nota.
La Biblia nos recuerda que Dios da fuerzas al cansado. Eso no significa que todos nuestros problemas desaparecerán inmediatamente. Algunas situaciones necesitan tiempo. Algunas respuestas tardan más de lo que quisiéramos. Pero podemos seguir caminando sabiendo que no tenemos que cargar todo únicamente con nuestras propias fuerzas.
Quizás solamente necesitamos avanzar un día más.
Muchas veces pensamos demasiado en lo que ocurrirá mañana, la próxima semana o dentro de algunos meses, y terminamos cargando hoy preocupaciones que todavía ni siquiera han llegado. Dios, en cambio, nos invita a vivir cada día confiando en que tendremos la fuerza necesaria cuando llegue el momento.
También necesitamos aprender a descansar.
Descansar no siempre significa abandonar nuestras responsabilidades. A veces significa detenernos un momento, guardar silencio, respirar, orar y recordar que nuestra vida no depende solamente de nuestra capacidad para mantener todo bajo control.
Incluso Jesús buscaba momentos para apartarse de las multitudes y estar a solas. Nosotros también necesitamos esos espacios.
Tal vez llevamos demasiado tiempo diciendo: “Yo puedo”.
Y sí, podemos hacer muchas cosas. Pero también podemos reconocer cuándo necesitamos ayuda, cuándo debemos detenernos un poco y cuándo necesitamos colocar delante de Dios aquello que ya se ha vuelto demasiado pesado.
Si hoy tu corazón está cansado, no pienses que todo está perdido.
Puede ser simplemente una señal de que necesitas descansar, volver a ordenar tus pensamientos y acercarte nuevamente a Dios.
Mañana quizá las circunstancias continúen siendo las mismas, pero tú puedes enfrentarlas de otra manera.
Con un poco más de calma.
Con nuevas fuerzas.
Y con la certeza de que Dios sigue caminando a tu lado.
Una oración para hoy
Señor, tú conoces mis fuerzas y también conoces mi cansancio. Ayúdame a descansar en ti y a no cargar solo aquello que me preocupa. Dame sabiduría para enfrentar cada día y fuerzas para continuar cuando el camino se vuelva difícil. Enséñame a confiar, aun cuando todavía no tenga todas las respuestas. Amén.
A veces descansar también es una manera de seguir caminando.
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